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Ucrania y el nuevo papel de Rusia en el mundo

En las primeras horas de la madrugada del 24 de febrero de 2022, Rusia comenzó un ataque contra Kiev, desencadenando el mayor conflicto visto en Europa desde las Guerras Yugoslavas. Lo que Vladimir Putin ha calificado de “operación militar especial” ha provocado el caos en el país, lleno de cientos de miles de ciudadanos tratando de escapar a toda prisa. Esta declaración de intenciones de Rusia ha sorprendido a la comunidad internacional, que veía poco probable una guerra contra la totalidad de la nación ucraniana. Ahora, muchos se preguntan: ¿qué interés puede tener el Kremlin en invadir Ucrania?

Los lazos que unen a Rusia y Ucrania se encuentran precisamente en Kiev, donde, en el siglo IX d.C., nace el Kievan Rus, el antecesor de los pueblos ruso, bielorruso y ucraniano. Ucrania y Rusia han estado unidos durante una gran parte de la historia, siendo Ucrania una de las naciones fundadores de la Unión Soviética, de la cual no se independizaría hasta que en 1991 se celebra un referéndum en el que la soberanía obtiene más del 90% del apoyo del pueblo.

Sin embargo, los problemas internos de Ucrania pronto amenazan su integridad territorial. La península de Crimea, en el mar Negro, declara su independencia en 1992. Rusia exige a Ucrania la devolución de la región, que le había concedido en 1954. Ucrania se niega a ceder y otorga a Crimea más autonomía territorial, aunque no logra extinguir los deseos independentistas de la población.

De la misma manera, en 2014, las óblasts de Lugansk y Donetsk, que constituyen la región de Donbás, proclaman su independencia y exigen ser integradas en territorio ruso. De nuevo, Ucrania se niega a conceder la independencia a estos territorios y refuerza su control en la zona, que pronto se ve en un conflicto que suma alrededor de 10.000 muertosa día de hoy. En 2015 se firman los acuerdos de Minsk, en los que Ucrania otorga más autonomía al Donbás, pero la tensión no deja de recrudecerse.

La posibilidad de que Ucrania estreche su conexión con la OTAN o incluso pueda ser admitida hace estallar la tensión con Rusia a finales de 2021. Putin considera la expansión de la organización en su frontera con Ucrania una amenaza existencial, ya que estaría rodeada de países en la OTAN por toda su frontera oeste a excepción de Bielorrusia.

Un número elevado de tropas rusas se mueven hacia la frontera con Ucrania. La tensión continúa en aumento hasta que, el 22 de febrero, Rusia reconoce la independencia de las repúblicas de Donetsk y Lugansk. El rechazo de Ucrania a aceptar este movimiento de Putin crea el escenario perfecto para que, bajo el pretexto de querer defender los derechos de la población, el ejército ruso se adentre en el territorio ucraniano y comience así la invasión del país, seguida horas más tarde de la extensión total de Ucrania tras el bombardeo de Kiev.

Este escenario tan complejo necesita un análisis detallado de cada uno de los actores involucrados. Los eventos de estos días definirán el futuro del sistema internacional y, especialmente, el futuro de Europa. Comprender cada suceso que ha llevado a Rusia a tomar esta decisión supone el primer paso para tratar de frenar lo que podría llegar a ser el conflicto más cruento que se haya visto en Europa en todo el siglo XXI.

UCRANIA: entre dos mundos

El propio Estado ucraniano es un actor muy delicado en cuanto a sus relaciones con Rusia. El país se encuentra muy dividido entre aquellos a favor del Kremlin y los que se posicionan junto a Europa y la OTAN. Ambos bandos tienen fuertes conexiones con movimientos nacionalistas y usan herramientas políticas para promover sus propios intereses.

Existe una poderosa élite de oligarcas con una gran influencia en el gobierno del país. El actual presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, mantiene una estrecha conexión con uno de los hombres más ricos del país, Íhor Kolomoiski. Zelenski ganó notoriedad como actor cómico en la serie de televisión Servidor del Pueblo, en la que encarnaba el papel de un profesor de secundaria que se convierte en presidente de Ucrania tras criticar la corrupción en un vídeo que se vuelve viral. La serie se emitió entre 2015 y 2019, y el partido de Zelenski, también llamado Servidor del Pueblo, fue creado por empleados de su productora, Kvartal 95, en 2018. Kolomoiski, que fue gobernador del óblast de Dnipropetrovsk, es dueño del 70% del grupo mediático que posee el canal en el que se emitía Servidor del Pueblo. Tras ganar las elecciones en 2019, Zelenski nombró a Andriy Bohdan como director de la Administración Presidencial, cargo que mantuvo hasta febrero de 2020. Bohdan había sido previamente abogado de Kolomoiski.

La corrupción no es ninguna novedad en Ucrania, incluso en casos tan esperpénticos como el de Zelenski. En el índice anual de democracias publicado por The Economist, el 9 de febrero de 2021, Ucrania no aparece como democracia plena, sino como régimen híbrido. En 2004, tras acusaciones de fraude al conocerse los resultados de las elecciones generales, en las que salió elegido Víktor Yanukóvich, multitud de protestas inundaron el país, las cuales se conocen como la Revolución Naranja. La intensidad de las manifestaciones provocó que se repitieran las elecciones, estrictamente vigiladas por observadores internacionales, saliendo elegido Víktor Yushchenko.

Sin embargo, a pesar del escándalo, en 2010 Yanukóvich se convirtió en presidente de Ucrania. Bajo su mandato ocurrieron las famosas protestas del Euromaidán. Según varios estudios, el 38% de los ucranianos apoyaba una asociación más cercana con Rusia, mientras que el 37,8% prefería aliarse con el resto de Europa. Las protestas a favor de una relación más cercana con la Unión Europea acabaron provocando más de 80 muertos y la caída de Yanukóvich. El Euromaidán es una muestra más de las profundas diferencias que separan a la población ucraniana en dos grupos prácticamente opuestos, presentes incluso en la propia cultura del país.

Según el censo de 2001, el 68% de la población habla ucraniano como lengua materna, mientras que el 30% habla ruso, aunque la mayoría de los habitantes de Ucrania son rusoparlantes. La constitución ucraniana establece el ucraniano como lengua estatal y, en 2019, la ley que permitía queel ruso fuera declarado idioma cooficial en zonas con más de un 10% de habitantes que lo hablasen fue declarada inconstitucional. Esto afectó principalmente a óblastsdel sur y este de Ucrania, como Crimea y Donbás.

A pesar de la gran cantidad de recursos naturales en Ucrania, hoy en día es considerado como uno de los países más pobres de Europa. La falta de oportunidades ha provocado éxodos de la población hacia otros países en busca de un buen futuro. Existen fuertes desigualdades sociales entre los ucranianos, acentuadas en las zonas rurales, que sufren un grave atraso tecnológico.

Ucrania es conocido como “el granero de Europa” por su potente sector agrario, que provee cereales al resto de Europa y es el mayor productor mundial de harinas y semillas de girasol. La exportación de estos productos puede verse enormemente resentida por la guerra, lo que Rusia podría utilizar para hundir más aún la economía ucraniana. En el peor escenario, si la guerra se torna todavía más cruenta, podría darse una hambrunaen Ucrania no vista desde el Holodomor, evento provocado por las políticas de industrialización de la Unión Soviética, que dieron lugar a entre 3,5 y 10 millones de muertos.

Una sociedad tan dividida como la ucraniana, en la que el amigo de uno es el enemigo del otro, tan solo podía verse arrastrada a un conflicto de gran magnitud cuando se encuentra en medio de dos grandes potencias como lo son Rusia y los Estados Unidos de América.

CRIMEA: la ambición de Rusia

Crimea es un caso curioso en lo que respecta a las ambiciones de Rusia sobre Ucrania. Históricamente, la península ha pertenecido a Rusia hasta 1954, cuando Nikita Jrushchev se la cede a Ucrania. Sin embargo, excepto por su posición geográfica, Crimea tiene poco que ver con este país. Sus habitantes son étnicamente rusos, hablan ruso como lengua materna, y se sienten más 

rusos que ucranianos. El motivo es simple: la población original de Crimea, los tártaros, fueron deportados por Stalin en 1946, tras ser acusados de colaborar con los nazis. Los rusos se fueron convirtiendo en mayoría y, en 2014, eran el 68% de la población total de la península. Tan solo el 16% de los habitantes de Crimea son ucranianos, y los tártaros apenas rozan el 11%.

Por esto no resultó sorprendente que, en 1992, un año después de la caída de la Unión Soviética, Crimea declarase su independencia del resto de Ucrania. Realiza un referéndum y reporta unos resultados del 94% de votantes a favor de la secesión y la instauración de la República Socialista Soviética Autónoma de Crimea. El Parlamento ucraniano no reconoce este referéndum e ignora la proclamación de independencia de la península. Por otro lado, Rusia reclama la reintegración de Crimea como parte de su territorio. Para tratar de paliar los designios de Crimea, Ucrania concede más autonomía a la región.

En 2014, nuevas protestas sacuden Ucrania al final del Euromaidán, conocidas como la Revolución del Maidán o Revolución de la Dignidad. Los enfrentamientos entre la Berkut (policía antidisturbios) y los manifestantes dejan casi 130 fallecidos. El presidente Yanukóvich es expulsado mediante una moción de censura, a la cual se resiste (aunque había abandonado Kiev el día de antes) y la declara ilegal, y solicita ayuda a Rusia. Las regiones del sur y el este de Ucrania, donde Yanukóvich había recibido mucho apoyo durante las elecciones de 2010, viven protestas tanto a su favor como en su contra. Finalmente, Rusia intervino militarmente en estas zonas, y en febrero invade y anexiona Crimea a su territorio. En marzo se celebra un referéndum sin reconocimiento internacional, en el cual, según fuentes rusas, participa el 83% de la población y se obtiene el resultado de un 97% de votos a favor de la integración de Crimea en Rusia.

Crimea es un punto geoestratégico de un interés particular para Rusia. A lo largo de su historia, Rusia siempre ha intentado obtener acceso a puertos de agua salada cálida para beneficiarse del tráfico marítimo. Actualmente, los únicos puertos de este tipo que posee se encuentran en una pequeña franja de la costa este del mar Negro. Controlar Crimea supone ampliar enormemente sus puertos en este mar y en el mar de Azov, permitiendo un fácil acceso al mar Mediterráneo. En Crimea también se encuentra la ciudad de Sebastopol, que históricamente ha sido puerto principal de la Flota del Mar Negro de la Armada de Rusia. Sebastopol recuperó este rol tras la toma de Crimea en 2014.

El mar Negro es rico en recursos naturales, con reservas de gas natural que también se encuentran en la propia Crimea. La península cuenta con dos grandes explotaciones petrolíferas, Serebryankse y Subbotina. Según el Ministro de Desarrollo Económico y Comercio de Ucrania, Stepán Kubív, la pérdida de Crimea equivale a la pérdida del 80% de los depósitos de gas y petróleo a los que Ucrania tenía acceso en el mar Negro.

DONBÁS: la semilla del conflicto

Tras la expulsión de Yanukóvich durante la Revolución del Maidán, los habitantes de etnia rusa del este de Ucrania de la región del Donbás expresan su desagrado mediante protestas. Las tensiones en la zona se disparan rápidamente, y pronto se forman grupos a favor de Rusia que tratan de tomar el control de de Donetsk y Lugansk, los óblasts que constituyen Donbás.

En Donetsk, un grupo de entre 1.000  y 2.000 manifestantes irrumpen en el edificio de la administración regional y demandan un referéndum como el que se ha producido un mes antes en Crimea. Exigen al gobierno de Donetsk que implemente las medidas que permitan celebrar el referéndum o lo expulsarán y proclamarán ellos mismos la independencia, lo que acaba ocurriendo el 7 de abril de 2014.

El 6 de abril, en Lugansk, un grupo de en torno a 1.000 ciudadanos logra entrar en el edificio de la administración regional de manera similar a Donetsk, exigiendo en este caso laexcarcelación de los líderes separatistas y la celebración de dos referéndums, uno para su independencia y otro para su incorporación a Rusia. El 27 de abril declaran la República Popular de Lugansk.

El gobierno ucraniano niega reconocer la independenciade ambos óblasts. Un grupo de insurgentes prorrusos toman el control del ayuntamiento de la ciudad de Sloviansk, en Donetsk, y Ucrania envía una ofensiva antiterrorista. La milicia prorrusa ejecuta a cinco personas y comienza un conflicto armado, la Guerra de Donbás. Tan solo en los primeros meses se viven episodios especialmente sangrientos: el 2 de mayo, en la ciudad de Odesa, 43 personas murieron por los enfrentamientos, 31 de las cuales fueron quemadas vivas por proucranianos al incendiar el edificio en el que se encontraban.

En 2015 se firman los Acuerdos de Minsk para lograr un alto al fuego. En este Protocolo, tanto el gobierno de Ucrania como los representantes de las zonas separatistas de Donetsk y Lugansk se comprometen a otorgar una mayor autonomía a estas áreas, pero finalmente es ignorado por ambas partes y continúan los ataques. La guerra se vuelve especialmente violenta, con bombardeos y la retirada ucraniana de asistencia social a los habitantes del Donbás. En cambio, Rusia apoya a los rebeldes separatistas y entrega pasaportes rusos a la población, lo que el gobierno ucraniano critica como “una escalada”. Desde 2014 hasta 2022, el conflicto deja más de 10.000 muertos.

El 22 de febrero de 2022, Putin reconoce la independencia de ambas repúblicas. Esto crea el escenario perfecto para justificar una invasión: ahora, Ucrania es un Estado opresor que se niega a reconocer el principio de libre determinación de los pueblos. No solo eso, sino que aquellos a los que oprime son de etnia y habla rusa, y lleva años bombardeándolos. En un movimiento parecido al reconocimiento ruso de Abjasia y Osetia del Sur en 2008, Rusia se convierte en el “héroe” que debe salvar a Donetsk y Lugansk, por lo que no le queda otra que invadir. Y si la resistencia ucranianasignifica algo, es su carácter fascista y nazi, por lo que una completa desmilitarización es necesaria, incluso si esto pasa por tener que desmilitarizar Ucrania al completo.

RUSIA: reconstruir un imperio

El objetivo en mente de Vladimir Putin siempre ha sido muy claro: reconstruir Rusia como una nación fuerte y un actor fundamental en el sistema internacional, que jamás regrese a los humillantes años tras la caída de la Unión Soviética, cuando perdió su estatus como superpotencia. El gobierno de Putin ha devuelto el orgullo patriótico nacionalista al pueblo ruso, pero lo ha enfrentado con su enemigo histórico, los Estados Unidos de América. La deriva neoliberal de los países europeos también ha sido fuertemente rechazada por Putin, que prefiere anclarse en los valores tradicionales rusos. Estos valores no tienen por qué coincidir con los de la Unión Soviética: uno de los principales pilares de la Rusia moderna es el apoyo a la Iglesia Ortodoxa.

El recrudecimiento de las tensiones entre Rusia y Ucrania surge a raíz del acercamiento de la última a la OTAN. El gobierno de Zelenski se inclina más hacia Europa que Rusia, y en varias ocasiones declara querer ser candidato a entrar en la organización. Sin embargo, la situación de conflicto en Donbás impide a Ucrania cumplir con los requisitos necesarios para ser miembro. Además, la votación a favor ha de ser unánime, pero Estados cuyos gobiernos mantienen buena relación con Rusia, como Hungría, muy probablemente rechazarían la membresía ucraniana. Esto no impediría que Ucrania pudiera firmar acuerdos con la propia organización sin ser miembro, o incluso que Estados Unidos impulsara su integración en la OTAN como movimiento contra Rusia.

La expansión de la OTAN hacia el este de Europa está plagada de polémicas. Rusia mantiene que la organización se aprovechó de un momento de debilidad del país, bajo el mandato de Boris Yeltsin, y que prometió a Gorbachov que no continuaría incluyendo a nuevos miembros de la Europa del este. La OTAN se fundó para hacer frente a la Unión Soviética, por lo que su continuidad a día de hoy resulta innecesaria y amenazadora para los rusos. El despliegue de tropas y armamento americano en todos sus países fronterizos al oeste, a excepción de Bielorrusia y Ucrania, es percibido como una gran amenaza. Desde Rusia citan las presiones de Estados Unidos por retirar los misiles de Cuba en 1962. Si, bajo las mismas circunstancias de amenaza en su frontera, los americanos obligaron al régimen cubano a abandonar su soberanía en favor de garantizar su seguridad, ¿por qué no puede Rusia exigir lo mismo de Ucrania? Desde la visión de Putin, si la OTAN llegara a rodearla casi por completo al incluir entre sus miembrosal Estado ucraniano, esto podría ser visto como una amenaza existencial, lo que justificaría una invasión.

En el frente energético, Rusia es el principal proveedor de gas a Europa, exportando el 38% del total que se consume en el continente. Al construirlos gaseoductos Turkish Stream y Nord Stream 2, consigue otra herramienta para hundir el peso económico del gas ucraniano. El Nord Stream 2 conecta directamente con Alemania, su principal comprador, y Turkish Stream cruza el mar Negro sin pasar por Ucrania, por lo que Rusia puede aislar y eclipsar al país eslavo en este sector al tener una infraestructura mucho más moderna y eficaz.Debido a las acciones de Putin, Alemania ha decidido suspender su uso del Nord Stream 2, pero no está claro quién es el perdedor en esta situación. La dependencia alemana del gas ruso es muy grande, por lo que necesitarán importar gas americano, que se vende mucho más caro en Europa.

Rusia tiene pocas intenciones de perder este conflicto, y así se lo hace saber a su población. La construcción del relato es una pieza clave en todas las guerras, y Rusia ha creado una infalible: venimos a salvar a inocentes. Después de todo, los Estados Unidos han empleado esa misma táctica en 1.001 guerras. Para el pueblo ruso, altamente nacionalista, Rusia se ha visto obligada a intervenir tras la barbarie del Donbás, que además la OTAN pretendía ignorar si dejaba que Ucrania se uniera a ellos, lo que supondría tener al enemigo en su puerta. Si Ucrania continuaba negándole la libertad y el derechode autodeterminación a Donetsk y Lugansk, es el deber de cualquier ciudadano ruso el apoyar la liberación de sus compatriotas rusoparlantes. Al oponerse Ucrania y estar dispuesta a luchar contra Rusia, esta última está en su derecho de realizar un ataque preventivo, especialmente contra un gobierno tan corrupto. Y si las grandes organizaciones internacionales se oponen y castigan a Rusia, eso tan solo muestra su falta de humanidad y entendimiento, casi rusofóbico, designando a Rusia como el eterno villano mientras hacen lo que quieren y deciden quiénes son dignos de su atención.

OCCIDENTE: ¿de qué sirven las palabras?

La falta de respuesta efectiva de los países occidentales ante la invasión de Ucrania ha supuesto un duro golpe para la población. Aquellos ucranianos que querían un acercamiento con Europa y que incluso querían ser miembros de la OTAN ahora miran a Europa desde el recelo. Ha habido grandes condenas contra las acciones de Rusia y la violación de la ley internacional, pero las palabras sirven de poco contra tanques y bombardeos. Putin también utiliza esto como herramienta para su relato: la moral y los ideales europeos, toda su aparente resistencia contra la tirana Rusia: es todo mentira. Cuando llega el momento de dar la cara, los burócratas prefieren esconderse tras sanciones y abandonar a su suerte a sus aliados.

De hecho, estas sanciones ni siquiera tienen por qué afectar a Rusia tanto como se plantea. La Unión Europea ha congelado los activos y prohibido la entrada a su territorio a individuos poderosos de las altas esferas rusas, muchos con conexiones políticas. Ha limitado el acceso de Rusia a los mercados de capitales europeos y prohibido la exportación de productos tecnológicos. Estados Unidos y Reino Unido han sancionado a bancos rusos y a la gran compañía de gas ruso, Gazprom. Se está debatiendo si expulsar a Rusia de la SWIFT, la Sociedad para las Comunicaciones Interbancarias y Financieras Mundiales, que une a instituciones financieras de más de 200 países. Sin embargo, estas medidas afectan, principalmente, a las relaciones económicas con Occidente.

China no se ha posicionado en este conflicto, y es poco probable que lo haga. Ucrania no es un país de especial relevancia para Pekín, y no le merecería la pena arriesgarse a recibir sanciones por él. En cambio, sí que le resulta beneficioso estrechar las relaciones económicas con Rusia, supliendo las que se rompan a causa de las sanciones que reciba. Si Rusia es expulsada de la SWIFT, tiene su propio equivalente nacional, la SPFS (Sistema para la Transferencia de Mensajes Financieros), que está negociando su unión con la CIPS, el Sistema Internacional de Pagos de China. Putin y Xi Jinping han acordado la construcción de un nuevo gasoducto, el Power Siberia 2, que se pagaría en euros, devaluando el dólar. China compartió el punto de vista de Rusia respecto a la entrada de Ucrania en la OTAN durante estas negociaciones, firmando una declaración conjunta en contra del expansionismo de la organización.

Un actor que ha destacado por su falta de respuesta firme contra Rusia es Estados Unidos. Aunque los servicios de inteligencia americanos han estado avisando de una invasión inminente durante un mes, lo que de verdad ha resultado poco característico es la negativa de Biden a enviar a tropas a Ucrania. Estados Unidos es conocido globalmente por intervenir militarmente en conflictos internacionales que pueden hacer peligrar su seguridad. ¿Qué otro país va a poder hacer esto más que Rusia? La impopularidad de Joe Biden, la subida de los precios del combustible y la desastrosa salida de Afganistán pueden haber influido en la decisión de no intervenir en Europa. Rusia tiene el segundo ejército más poderoso del mundo después de Estados Unidos, y la intensidad de una potencial guerra sería devastadora. Lo que también hay que tener en cuenta es que este noviembre se celebran las elecciones de medio mandato. Si Biden hiciera que el ejército participara en otra guerra lejana, contra un enemigo tan poderoso, después del catastrófico debacle en Afganistán, podría perder un tercio del Senado, ya dominado por los republicanos, y la Cámara de Representantes.

Esta negativa de los Estados Unidos a ayudar a Ucrania, después de haber negociado con esta la posibilidad de su entrada en la OTAN o de formar acuerdos, ha creado un gran sentimiento de abandono entre los ucranianos. No es la primera vez que sucede algo así: los americanos ya han se han desentendido antes de sus aliados en Vietnam y Afganistán. En cambio, Rusia es conocida entre sus aliados por siempre acudir en su ayuda, como se vio durante las protestas contra el gobierno kazajo a principios de año. Rusia tiene su propia alianza militar, la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva, similar a la OTAN. La forman Armenia, Rusia, Bielorrusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán. Estos países podrían apoyar a Rusia en caso de necesitarlo, aunque, según NBC News, Kazajistán se ha negado a enviar tropas a Ucrania.

El mundo del futuro

Si hay una sola cosa que ha quedado clara estos últimos días, es que el mundo acaba de cambiar de manera irreversible. La falta de una respuesta efectiva por parte de Europa, el abandono de la OTAN y el rechazo de Estados Unidos a enviar tropas tan solo empoderan a Putin y sus ambiciones. Aunque la OTAN ha anunciado el despliegue de las Fuerzas de Respuesta Rápida, es poco probable que realmente logren hacer frente al ejército ruso. Si Putin conquistara Ucrania, ¿quién asegura que Europa y Estados Unidos lo rechazarán y aislarán? ¿De verdad están dispuestos a perder los suministros rusos y ucranianos durante un periodo de tiempo indefinido? ¿Mantendrán estos principios, o los abandonarán como a Ucrania, tras hablar incesantemente de hermandad y de su acercamiento con Europa?

No hay ninguna forma de predecir qué ocurrirá ahora con Rusia y Ucrania. En el escenario menos violento, Putin podría conquistar Kiev, instaurar un gobierno títere y abandonar el país. La negativa de Zelenski de abandonar a los ucranianos ha sido destacada por los medios de comunicación, que han mostrado al presidente en Kiev y con ropa de combate. Ha permitido que se repartan armas y munición a la población, lo que podría complicar aún más las cosas: aunque de esta manera podrían hacerle la guerra de guerrillas a los rusos, también pueden escalar la violencia. Los mártires podrían ser utilizados por ambos bandos como instrumento de construcción de relato a su favor. En el peor caso, estas armas podrían ser utilizadas en una guerra civil si las diferencias de la sociedad ucraniana se vuelven irreconciliables.

Si Putin decide ocupar Ucrania, y emplea el pretexto de querer mantener a la OTAN alejada de sus fronteras, siempre puede volver a usar esta excusa si otro Estado fronterizo le resulta inconveniente. Los países de la OTAN tienen la obligación de defender a sus miembros si uno de ellos seve atacado por un tercero. Sin embargo, tras ver el abandono de Ucrania, del que se había hablado como candidato o al menos aliado potencial, es imposible no cuestionar si esto ocurriría realmente. El gobierno de Putin ya ha llegado a amenazar a países tan relevantes a nivel internacional como Suecia o Finlandia si llegaran a unirse a la OTAN. El papel de la organización y su relevancia quedará definido por las decisiones que tome los próximos días.

El rol que pueda jugar China en el mundo que surja tras el conflicto en Ucrania también es de suma importancia. Si Occidente permite a Rusia invadir Ucrania sin ningún tipo de resistencia, ¿qué impide a China hacer lo mismo con Taiwán? Las tensiones con la isla han ido en aumento en los últimos meses, pero ahora parece que el ejemplo ruso podría llevar a China a atacar. Incluso si finalmente la OTAN o los Estados Unidos actúan en Ucrania, esto supondría que las fuerzas del ejército americano estarían demasiado ocupadas en territorio europeo como para defender Taiwán. Es posible que Putin incluso apoyase a China militar o económicamente.

Putin no es ninguna figura malévola que se pase los días sentado en su oficina, frotándose las manos y riéndose cómo un maniaco mientras se vanagloria en su maldad. Es un hombre extremadamente inteligente y capaz, que ha sabido cómo hacer resucitar a Rusia de las cenizas de la Unión Soviética, y el pueblo ruso no olvida fácilmente. Los intentos de la Unión Europea y la OTAN de parecer rivales fuertes y morales después de la falta de respuesta en los últimos días resulta patético y hasta bochornoso para los países que las forman. Los discursos de político y las ridículas acciones que se están tomando tan solo refuerzan al gobierno ruso. La construcción de la historia es esencial durante las guerras, y con una tan fuerte y preparada como la de Rusia, y entre una población tan nacionalista, su expulsión de la UEFA Champions League hará poco para provocar un súbito cambio de pensamiento entre los rusos. Es bastante más probable que lo perciban más como un castigo contra la población por parte de unos burócratas corruptos que como un aliciente. Aunque Josep Borrell ha afirmado que su expulsión de Eurovisión tendrá una gran repercusión social, quién sabe. Quizá si prohiben la música de ABBA finalmente se convenzan.

Los grandes perdedores, de momento, son los ucranianos. Kiev y otras ciudades están siendo bombardeadas, Zelenski ha impuesto la ley marcial y prohibido a los hombres de entre 18 y 60 años abandonar el país, los rusos están tomando aeropuertos y destruyendo infraestructuras, y olas de ciudadanos ucranianos están cruzando la frontera con países a su oeste. Los deseos de Putin con el país son todavía desconocidos, aunque afirma que cesará su “operación militar especial” si los ucranianos renuncian. Lo que pueda pasar después tan solo lo sabe él. Mientras tanto, para los países de Europa, una pregunta es inevitable: ¿dónde están los límites de su ambición?

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Elisa Veredas

Estudiante del doble grado en Relaciones Internacionales y Comunicación en la Universidad Loyola. Aficionada a los debates políticos, el cine, la literatura, y la historia. Los temas sobre los que más escribo son aquellos relacionados con el mundo islámico y el terrorismo internacional.

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